Había leído algo sobre ella hacía ya tiempo en el blog de Muñoz Molina. Lo vi apilado en una estantería de la planta baja de La Casa del Libro, en la sección de bolsillo, en la que más me gusta rebuscar, me fijé en su título imponente y atractivo, en el aspecto manejable y viajero de la edición, y no me pude resistir.
No se trata de una novela. Más bien es una historia realista, cocinada con vivencias personales y hechos imaginarios, que tiene como telón de fondo el Madrid de los ochenta, y como núcleo principal la turbulenta vida y la relación tan personal que mantiene con su hijo la protagonista, una joven locutora de radio que se acaba de separar de un hombre del que sigue enamorada y no logra dotar su vida del orden y la estabilidad que necesitan ella misma y su niño.
A veces da la sensación de que el libro es la vía que ha utilizado Elvira Lindo para disculparse, a su manera, con su hijo por haber creído ser en el pasado la madre tan peculiar y algo irresponsable con que se muestra a sí misma en algunas entrevistas cuando habla de su pasado.
Me gusta esa valentía, esa desnudez, esa intimidad casi amistosa con el lector, como de bitácora o de diario personal, que refleja su espíritu de escritora. Me gusta haber disfrutado de niño con las historias de Manolito Gafotas que me acompañaban en verano, sobre todo. Y me gusta saborear ahora esa escritura sincera, pausada y algo nostálgica que profesa en esta nueva fase de su carrera literaria. Como esas profesoras que te daban clase en párbulos con las que te reencuentras años después en asignaturas de la Secundaria, descubriendo en ellas apariencias, actitudes y conocimientos que se alejan considerablemente de la imagen que se había formado de ellas en el pasado tu mente infantil.
P.D: Qué curioso, incluso algo cómico, me resulta que el niño del que habla el libro, y que aparece autorrepresentado en la ilustración, sea ese joven de gafas de pasta, amplias patillas y look alternativo que me recibió en el chalet de la familia cuando fui a entrevistar a Muñoz Molina el pasado diciembre...

Una buena lectura para el recién estrenado "eté", Elvira, desde su descarada sencillez, llega y emociona. Una gran pareja, Antonio y Ella, en la vida y en la literatura. Y tu, Nacho, camino de ello llevas. Saludos.
ResponderEliminarP.D.: Congratulations por tu "vuelta", se te echaba de menos.
Lewys